Perro lanudo

 
 

En el tema cultural, un problema existente en el pueblo es la cultura tradicional a punto de extinguirse, porque desaparece de la memoria de la gente, porque la gente ya no cuenta estas cosas, porque a la gente joven no le interesa nada conocer cómo se bailaba antes, o qué cuentos existían, o qué leyendas había, porque en definitiva no les interesa escuchar a sus abuelos, que son quienes pueden contarle estas cosas.

Cosas que ellos gozaban contándolas sobre todo en las largas veladas de invierno, cuando por no haber no había luz eléctrica, ni aparatos de radio, ni televisión, y con un candil de petróleo o de aceite o bien de carburo, cuando muchas veces iluminaba más el resplandor de la lumbre que los candiles, en esta lamentable situación, toda la familia reunida o también familiares, vecinos o amigos, que solían ir de “serano” como ellos decían, así todos juntos en torno a la lumbre, mientras las mujeres hilaban o hacían calcetín, cada cual contando sus hazañas o aventuras, iban desgranando la faz deliciosa del campo y el sentido profundamente religioso de sus pormenores, de sus hombres y de sus usos, tradiciones y costumbres que los habían forjado al paso del tiempo.

Hoy tratamos de recordar algo que nos contaban nuestros abuelos y que según ellos ocurrió en nuestro pueblo, Guadramiro:

Muy cerca del pueblo, en el camino Valderrodrigo, existe un paraje denominado “Rincón de las Huertas”, donde durante buena parte del año brota un manantial, cuyas aguas recogidas en un hoyo no muy profundo, y rodeado de piedras que servían de lavaderos, eran utilizadas por las mujeres para lavar sus ropas.

Corrían aquellos tiempos que se decía y así era, “Tres jueves hay en el año que relucen más que el sol, Jueves Santo, Corpus Cristi y el Jueves de la Ascensión”.

La mañana del Jueves de la Ascensión cuando la aurora se divisaba en el horizonte, una mujer coge su cesto de ropa y va a lavarla al lugar antes descrito.

Al momento de empezar a lavar se le acercó un perro lanudo que se sentó junto a ella; ella siguió lavando pero como no se marchaba de allí, y molestándole tanto su presencia le dijo “Chucho perro lanudo” y entonces el perro le contestó: “No soy un perro lanudo que soy el diablo que madrugo”.

La mujer toda asustada cogió rápidamente su ropa y marchó a Guadramiro; contó lo sucedido en su casa e inmediatamente se extendió por todo el pueblo. La poza tuvo que ser cegada, pues ninguna mujer volvió a lavar la ropa en dicha poza desde entonces.
 

Por el pueblo, la gente achacaba lo sucedido por ir a trabajar en un día tan señalado y no es el único suceso maligno ocurrido en el pueblo tal día, pues otro cantar ha sido transmitido  por nuestros mayores del pueblo, recordando lo que le pasó a Juan Tapia, vecino de Guadramiro, y a sus criados. Dice asi:

El Jueves de la Ascensión
Por ser día señalado
Los criados de Juan Tapia
Al monte van caminando

A tapar una cortina que garbanzos tenía sembrado
Se le ha hecho más portillos que garbanzos tenía sembrados,
Se fueron a oír Misa a la sombra de un barranco

El amo por no ir a Misa
Le ha reventado un caballo
Se le han escornado cuatro bueyes
De lo mejorcito del bando
El Turco y el Valenciano
El Morito y el Bragado.

 
Z.H.

 

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